#poema27 Las cárceles, de Miguel Hernández

Queremos desde aquí sumarnos a la iniciativa de uno de los principales referentes en la didáctica de la Lengua y la Literatura a través de las TIC, además de gran amigo y persona, Toni Solano, a la hora de homenajear a los poetas pertenecientes a la generación del 27 que rindieron tributo a Luis de Góngora tal día como hoy, pero en 1927 en el Ateneo de Sevilla. 

Quiero compartir uno de los poemas más intensos de Miguel Hernández: Las cárceles. A través de una serie de metáforas que consiguen estremecer al lector, trasladándonos a su periplo carcelario. Hernández se siente cual persona enjaulada que no es más que el reflejo del pueblo: perseguido, enjaulado y ejecutado. La personificación de la cárcel en una imagen, casi kafkiana, de una rata que se arrastra por los estratos más bajos de la sociedad.

Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo
van por la tenebrosa vía de los juzgados:
buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen,
lo absorben, se lo tragan.

No se ve, que se escucha la pena del metal,
el sollozo del hierro que atropellan y escupen:
el llanto de la espalda puesta sobre los jueces de cemento fangoso.

Allí, bajo la cárcel, la fábrica del llanto,
el telar de la lágrima que no ha de ser estéril,
el casco de los odios y de las esperanzas,
fabrican, tejen, hunden…

Se da contra las piedras la libertad, el día,
el paso galopante de un hombre, la cabeza,
la boca con espuma, con decisión de espuma,
la libertad, un hombre…

Un hombre que ha soñado con las aguas del mar,
y destroza sus alas como un rayo amarrado,
estremece las rejas, y se clava los dientes
en los dientes del trueno.

Procedencia de la imagen inicial

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