Y la ortografía, ¿”pa cuándo”?

Corren malos tiempos para la Gramática. Y si no, no hace falta más que mirar a las distintas redes sociales para atisbar un declive de la ortografía y, por ende, de la gramática. La última polémica ocurría el pasado día 7 de octubre cuando la Ministra de Educación, Isabel Celaá, publicaba un tuit poblado de faltas de acentuación y alguna que otra ortográfica:

Es cierto que la mayor parte de los usuarios escribimos en nuestros terminales móviles a una velocidad endiablada y que, en ocasiones, no nos percatamos de pequeños fallos que se deben corregir. Esto se lo trato de explicar a mis alumnos diferenciando los niveles de la Lengua: no es lo mismo un texto informal a un amigo que un mensaje oficial en un contexto formal. Y esto fue lo que le sucedió a la sra. Celaá. No dudo de su buena praxis, ni de su formación ni de su capacidad comunicativa, pero como ejemplo de una cartera que acarrea un meticuloso y medido uso del lenguaje, el reproche no es por la redacción, sino por la no revisión del mensaje. “Chicas, chicos, releed y revisad antes de entregar el ejercicio / examen” hemos repetido los docentes asiduamente… Flaco favor a las exigencias lingüísticas en las aulas. Todavía recuerdo cuando el pasado verano un compañero me comentaba la cantidad de exámenes de oposición que había suspendido como miembro de su tribunal por faltas de ortografía.

Debería constituir un debate para la propia Real Academia si la lengua empleada en las RRSS sería susceptible de revisión. Cierto es que no todos los usuarios promueven un uso formal de la misma en las redes, pero sí entre los personajes públicos. Si cada vez que un perfil verificado (de los que tiene el check azul de verificación junto al nombre) cometiese una imprudencia lingüística fuese condenado a trabajos lingüísticos para la comunidad, otro gallo cantaría. Y no sólo de políticos hablamos, sino de medios de comunicación, deportistas, personas de gran influencia en nuestros jóvenes… ¿Algunos ejemplos?:

Pero no sólo en la rotulación se cometen faltas, sino que los propios Community Managers complementan este tipo de acciones con joyas lingüísticas como la siguiente. Atención al nuevo vocablo para el parentesco familiar:

Pero no sólo la polémica cadena comete errores. También académicos de la propia RAE han publicado mensajes sin revisar el contenido de sus tuits antes de ser compartidos con sus seguidores, como le ocurrió a Arturo Pérez Reverte y el pronombre personal convertido en determinante:

A quien un seguidor corrigió y el autor de Alatriste no dudó en otorgarle la razón:

La corrección y enmienda del error suele ser habitual aunque -como hemos visto en el anterior caso- no siempre se corrige. Algunos casos como el de la política Tania Sánchez, se publican y se enmiendan cuando los internautas ya han hecho capturas de pantalla:

La colección de cargos públicos es extensa y, cuando menos, debería invitarnos a reflexionar sobre el sentido de la rigidez y estricto seguimiento (y corrección) de la gramática en los centros educativos si, al salir a la calle, esas reglas no se cumplen. Estableciendo una analogía sería algo así como el conductor novel que acaba de obtener el permiso de conducir y cuando sale a la carretera no respeta los límites y reglas establecidas… ¡ah, que eso sucede! Sí, pero aunque sea en pequeños porcentajes, se persigue, se corrige, se realizan campañas de prevención… A los que reivindican en burdas disputas dialécticas el valor de la lengua que nos une les solicitaría que también empleasen sus esfuerzos en contribuir a que la lengua no se deteriore más de lo que -entre todos- estamos generando. ¿Más ejemplos?

Pero sin duda alguna, los errores por pésimas interpretaciones de la función metalingüística del lenguaje son las que se llevan la palma. Estas dos son las que más han hecho temblar los cimientos de la RAE. El primero de ellos, sobre la ¿correcta? forma de escribir los imperativos de Carmen Lomana:


Y el último, que tiene por protagonista a Kiko Rivera y a su tatuador, puesto que ninguno de los dos se percataron de la ausencia de tildes en el tatuaje del hijo de la tonadillera y el torero.

 

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